Por: Ana Prada, 3Colibrís

En 2018 nos vinculamos como 3Colibrís a la Red Nacional de Agricultura Familiar, desde el nodo Cundinamarca, una vez nos convertimos en parte de esta amplia red conocimos la iniciativa Llevo al Campo Colombiano, que encontramos profundamente pertinente para promover el encuentro con el otro por medio del alimento.
En el intercambio con nuestros compañeros de la Red hemos aprendido que en Colombia existen múltiples esquemas de comercialización de alimentos en circuitos cortos. Están los mercados indígenas, los mercados campesinos, los mercados agroecológicos, los mercados colaborativos, las ferias, entre otros modelos, que durante la epidemia se están reinventando y que a pesar de su diversidad de actores, productos y formas de funcionamiento comparten un propósito común: Facilitar el acceso a alimentos sanos para quienes vivimos en contextos urbanos, rurales o periurbanos, a la vez que fortalecen la seguridad, soberanía y autonomía alimentaria de los territorios, como los tres pilares del derecho a la alimentación.
¿Centrarse únicamente en los mercados orgánicos?
Dos de las reflexiones gestadas en el corazón de la RENAF han delineado nuestro horizonte en 3Colibrís como medio de comunicación comprometido con la construcción de redes para compartir iniciativas comunitarias que contribuyen a la construcción de paz en Latinoamérica mediante la producción de alimentos de manera sustentable y colaborativa.
La primera de estas reflexiones es sobre qué tipo de sujetos nos interesa contar historias. En este sentido, la Resolución 464 de 2017 que presenta la noción de Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria (ACFC), construida participativamente con movimientos sociales en los territorios nos ha dado muchas luces. Desde la perspectiva de la ACFC hemos logrado articular experiencias de productores indígenas, campesinos, afrodescendientes, jóvenes, hombres, mujeres, neorrurales y urbanos en Latinoamérica, buscando ampliar el debate de lo identitario para reconocer la diversidad y encontrar puntos de encuentro.
La perspectiva de la ACFC, nos ha permitido comprender los crecientes procesos organizativos que se gestan en las ciudades para defender formas de producción y consumo de alimentos basadas en la solidaridad, la sustentabilidad y el arraigo, como novedosas nuevas formas de reterritorializar las ciudades y las nuevas identidades que en ellas emergen.
La segunda reflexión, fue sobre qué modelos de producción acompañamos ¿Nos interesa acompañar exclusivamente a productores orgánicos o agroecológicos?, pues no. Si bien nuestro horizonte es la promoción y difusión de estas dos formas de producción de alimentos, no representan la totalidad de las formas de producción de la ACFC.
Con frecuencia encontramos agricultores campesinos que utilizan paquetes de la Revolución Verde en sus cultivos y que están deseosos de realizar la transición hacía la producción libre de agrotóxicos. No obstante, muchas veces sus suelos se hacen dependientes y no cuentan con las herramientas para transitar hacia una agricultura más sustentable.
A los productores campesinos interesados en realizar la transición no les podemos dar la espalda porque no son “orgánicos”, especialmente en una sociedad neoliberal en la que lo sustentable corre el riesgo de convertirse en un privilegio para productores y consumidores, al que puede acceder únicamente quien puede costear la información, herramientas y materiales necesarios.
El sentido de trabajar en Red
El trabajo en red requiere de paciencia, de la capacidad de escuchar activamente y de acallar el ego para colaborar en la construcción de un bien común, estas son capacidades que veo en los compañeros que hacen parte de la red especialmente los compañeros que viven en los territorios, en lo que curiosamente los rolos llamamos “la otra Colombia” o “la Colombia profunda”, porque desde nuestra visión centralista todo lo que no sea capital nos parece exótico.
Considero que uno de los aspectos más valiosos de la Red es el diálogo interterritorial, escuchar las visiones de mundo, los retos y cotidianidad de nuestros compañeros a lo largo del país, que nos invita a reconocer la complejidad de nuestros retos y nuestros potenciales para resolverlos.
Así encontramos historias como las de nuestros compañeros de la Costa Caribe que en estos días trabajan con las uñas para apoyar a los pequeños pescadores y quienes viven del turismo; En Antioquia los mercados locales que se organizan para lograr darle salida a alimentos producidos por campesinos en municipios en los que brilla la ausencia de infraestructura vial y de telecomunicaciones; Los compañeros de Caquetá le apuestan a la construcción de paz, a través de la comercialización en mercados campesinos y se convirtieron en pioneros en el diseño e implementación de protocolos de bioseguridad para garantizar acceso a alimentos sanos a quienes tiene como hogar la tierra de la Manigua.

La epidemia no creó nuevas crisis, no creó el hambre mundial, ni la inequidad, pero, sí las intensificó; en contraparte, las redes antisistema, como la RENAF, que ya existían desde antes de la epidemia no han hecho otra cosa que fortalecerse en estos días, apoyadas en la solidaridad y el aprovechamiento de las tecnologías.
Todavía nos preguntamos qué va a pasar después de que se acabe la cuarentena, ¿las personas vamos a dejar tiradas nuestras huertas y formas de vida para volver a las oficinas?, no lo sabemos, lo que si sabemos es que estos días nos han dejado una semilla de cambio, estamos hambrientos de nuevas conexiones con el origen de nuestros alimentos, buscamos historias, salud y colaboración.

Categorías: Noticias

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